Y al poco tiempo la fantástica historia de Caperu se propagó por todo el bosque entre los pueblos cercanos hasta llegar a la gran ciudad. La casa de la abuelita se convirtió en la atracción turística de la zona.
La mamá de Caperucita que de niños visto lo visto mucho entendimiento no tenía ( ¿A quien se le ocurre mandar sola a una niña tan pequeña por el bosque?) pero para los negocios era astuta como ella sola, enseguida vio la oportunidad comercial y se lanzó a montar una tienda de souvenirs y un pequeño restaurante en la vieja casona de la abuela para dar servicio a la ingente cantidad de turistas que venían ya de todas las partes del mundo a ver la morbosa estancia donde ocurrieron los increíbles hechos.
La abuelita una vez liberada de las entrañas del lobo y pasar el prudencial tiempo de observación en el hospital se le asignó el cargo de vendedora de souvenirs y guía turística. Era la encargada de vender todo tipo de merchandising relacionado con el evento y explicar con pelos y señales todos los detalles, mostrando en la estancia como sucedió todo y como el lobo la acosó y se la merendó de un solo bocado.
El artículo más vendido y demandado esa temporada eran unas orejas de lobo en forma de diadema de quita y pon, que a los nipones y otros tontos viajeros les volvían locos llevarse puestas de regreso a sus casas.
Gracias a los ingresos de la tienda y del restaurante amasaron una pequeña fortuna y pudieron mandar ese año a la niña al mejor colegio privado de la zona, elitista de la muerte, con servicio de autobús y hasta comedor escolar. Colegio distinguido y de alto copete cuyos graciosos uniforme fueron modificados ese año para hacer juego con el rojo de la graciosa caperuza de tan insigne nueva alumna.
Pero el primer día de colegio, cuando el autobús escolar la devolvió a su casa, ella bajó llorando, enfadada. Entró histérica y no pudo más entre lagrimas y pataletas, lloriquear muy acongojada
-Buuuuaaaa…Buuaaaa… Mamá, mamá no me gusta ese colegio.. Buaaa!!! Lo niños son crueles conmigo, se burlan de mí, los odio!!! Buaaa… buaaaa… Dicen que soy tonta que confundí a un lobo con la abuelita… Buuaaaa… y que debo ponerme gafas…
Y en una de aquellas, una pataleta suya fue a impactar no contra la rodilla de su madre si no… y una voz enlatada dijo:
-Selección incorrecta, elija otro producto, selección incorrecta.
Al otro extremo del salón se oyó una voz.
-Caperu! ¿Qué tal tú primer día en el cole? ¿Qué haces dándole patadas a la máquina de tabaco…?
Definitivamente, Caperu, necesitas gafas.
Y de patadas que le dí
ResponderEliminara la máquina de tabaco…
yo acabé con gafas,
pero ella se quedó sin cambio.
Y el cuento, que había sido a la inversa…
pues la abuelita, al lobo se había zampado
y no el lobo a la maldita;
como no podía ser descubierto
por economía familiar,
a mí me dejó las gafotas
y un gran trauma escolar.
Y la moraleja de esta historia,
ResponderEliminarpara que os quede en la memoria,
es que las señoras maduritas
comen lobos para desayunar.
Así que, como os dice esta amiguita,
"menos lobos, caperucita".
Con las gafas no hay problema,
asi que no llores, nena.
Que dos pares quieres tú...
pásate por Afflelou.