Seguro que todos tenemos esa caja de cartón donde guardamos esas cartas de otros tiempos. Cartas de papel y sello, de escritura manuscrita, cartas de esas que ya casi ni existen.
Hoy debería haber dormido un poco la siesta en vez de bucear en la caja de las cartas, pero debía de encontrar una en donde hace muchos años alguien casi sin saberlo dejó un poema, un fragmento de poesía sublime de un tal Kavafis el cual quisiera compartir hoy con una buena amiga...
Uno normalmente no abre la caja de las cartas antiguas así a la ligera. Como bien sabreis abrír esa pequeña caja de Pandora puede tener efectos imprevisibles. Pasas de la sonrisa a la melancolía en breves segundos al ir sacando, hojenado esos sobres antiguos con sus sellos de otras épocas, otros paises...Ver desfilar por delante de las pupilas esos amigos que ya no están y que en aquel momento te unía una fuerza, una ilusión casi indestructible...
No he encontrado esa carta... ese poema. Pero si he encontrado muchas cartas sin enviar, alguna de ellas llevaban ya hasta su sello.
Hoy me he dado cuenta de una cosa, nada hubiera cambiado si hubiera depositado aquel día de aquel año esa carta en el buzón.
Las he vuelto a releer y sigo siendo el mismo, con la misma ingenuidad, las mismas muletillas al escribir, hasta con las mismas faltas de ortografía de antes.
A pesar del tiempo, todo sigue igual... Hoy mis cartas/sus cartas ya casi no dicen nada, hojas casi transparentes como papel cebolla, emborronadas con alguna gota más de sal, confinadas ya a este eterno silencio.
¿Es posible?
ResponderEliminarEs posible que esa carta se perdiera camino de Ítaca,
que no encontrara el sentido, que es el viaje;
y que en su transcurso se esfumara
con el viento, en su danza,
hace años.
Es posible que los rostros ahora sean otros,
las identidades verdaderas
y los escenarios, cansados ya de interpretar,
los mismos.
Es posible que tu sello
no haya sido reconocido;
que la tinta no existiera
y que las palabras amontonadas
huyeran tristes
de un cajón inacabado.
¿Es posible? Que tú no seas tú,
que fueras otro.
O quizá fue él, aventurado;
quien alimentó el universo inventado
que vuelve sobre sí mismo
y a otra realidad me recuerda,
que nunca fue verdad sobre la tierra.
Me arrepiento tanto...hace ya años, muchos, abrí el cajón donde tenía mis cartas. Las cartas de entonces, con los bordes rasgados como bocas con dientes, que parecía que me mordían los dedos al sacar su contenido...Cartas de la última niñez y la brillante adolescencia, que me unían a mis amigos del verano, a tantos kilómetros de mí durante el curso...Las primeras cartas de amor. Cartas hermosas, llenas de fogosas eternidades e inocencia.
ResponderEliminarMe arrepiento tanto...aquel día, con la esperanza perdida y el corazón helado que me acompañaron tanto tiempo, pensé que no podía seguir viendo aquello que me recordaba lo que no volvería.
Y las rompí. Todas.
Y me arrepiento. Porque entonces creía, con la misma ingenuidad con la que antes pensé que la felicidad era para siempre, que la tristeza que me acompañaba sería tambien definitiva...la juventud es así de intensa.
Daría cualquier cosa por poder releer hoy aquellas cartas. Volver a recrearme en las caligrafías, los pequeños dibujos, los estados de ánimo, las fotos que contenían y tambien rompí...
He sido afortunada, no me cuesta reconocerlo. He recibido en mi vida cartas muy hermosas. Y las sigo recibiendo. Me arrepentiré siempre de haber destruido aquella pequeña gran parte de mi vida.
De lo que nunca me arrepentiré es de no haber dejado ni una sola carta por enviar.
Gracias Azules.
ResponderEliminarLo bueno de conservar esas cartas con el remite y el destinatario y hasta con el sello aún puesto es que aún puedo enviarlas...
Hace unos años yo también decidí en un ataque irracional eliminar todos esos correos, en este caso eran electrónicos. Y como me arrepiento... Que bonitas cartas de amistad entre ingenua y clandestina se perdieron. Que bonitas historias contruimos y soñamos dos personas que vivian en una buhardilla imaginaria donde nos escapábamos de nuestro mundo de nuestra axfisiante ciudad y allí arriba nos encontrábamos. Allí todo era posible.
Hoy enviaré esa carta, hoy le ganaré una batalla al miedo, deséame suerte creo que todo es posible...
Suerte.
ResponderEliminarCuando uno se dispone a volver a entrar en un lugar secreto, ha de conocer la contraseña. A veces, con el transcurso de los años esta palabra mágica se pierde, se olvida y al llegar a la puerta la encontramos cerrada. A veces, esa palabra perdida y que tal maravilla lograba, es ya tan solo una anécdota, pero volver a nombrarla, un acto de valentía. Y si ha llegado el momento para volver a aquel espacio soñado, seremos bienvenidos. Y esa palabra permanecerá, como siempre, secretamente recordada.
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