Señores pasajeros dentro de unos minutos tomaremos tierra en el aeropuerto de Schwechat. Por favor desconecten toda clase de aparato electrónico, mantenga el respaldo de sus asientos en posición horizontal y abrónchense sus cinturones de seguridad. Por favor permanezcan en sus asientos hasta que los avisos de su panel indicador se hayan apagado. Muchas gracias por volar con KLM. -Se oyó por la megafonia del avión la voz impersonal de una azafata que desde el fondo del pasillo se dirigía por tres veces al pasaje en un perfecto holandés, inglés y alemán.
Tal pulcritud en su pronunciación me hizo reparar en ella, buscarla curioso con la mirada. Por su exacta pronunciación nunca hubiera sido capaz de identificar su procedencia. Sólo podía verle su cara, se le intuía alta, aproximadamente un 1.80, treinta y pocos años, media melena, bonito cuello largo, cabello castaño oscuro y unos ojos grises claros ligeramente rasgados que le conferían una mirada triste.
Al verme y que probablemente era la única persona que le prestaba atención fijó en mí su mirada todo el resto de la locución siguió esbozándome una ligera sonrisa de complicidad. No pude cuanto menos corresponder con otra sonrisa y bajar la vista al ser descubierto. Reflexióne sobre su fisionomía mientras abrochaba mi cinturón y no supe ubicar a que país, que nacionalidad pertenecería mi símpatica azafata de ojos tristes.
Busqué en el bolsillo de mi americana la Blackberry, revisé por última vez la bandeja del correo. El último mensaje de K lo había recibido antes de despegar en Amberes, y era tan escueto como siempre: Hotel Palais Coburg Residenz , Contact Sonja Lasker.
En la Casa siempre nos habían instruido en la base de portar y conocer la menor información posible, debíamos de improvisar y que nuestro trabajo fuera siempre de lo más impredecible ya fuera tanto para otras agencias como hasta para nuestros propios superiores. Ya lo decían, "La información es poder..." y a mí desde siempre me había gustado esa premisa, a menor información me sentía más tranquillo y relajado sólo tenía que dedicarme a cumplir las órdenes con la mayor diligencia posible sin entrar a valorar detalles, sin preguntas, sin curiosidad. La curiosidad era a veces un pesado equipaje y una carga sin valor para la gente de nuestro gremio.
Desconecté la agenda. Esta vez no me preocupaba tanto el trabajo a realizar allí pero, esa ciudad...
Habían pasado veinte años. ¿Y si nos viéramos? ¿Y si me viera? ¿Me recordaría aún...? –Hola qué tal te acuerdas de mi? Hola, ¿Norma la violinista?, ¿o tal vez eres psiquiatra? Yo soy Héctor, el, el, el...
Era una visita rutinaria de 48 horas, tan sólo debía contactar con mi antena local la tal Sonja Lasker probablemente alguna joven universitaria hispanista con altos valores e ideales, reclutada en alguna universidad de la zona. Dos días para verificar una inmensa montaña de papeles, entregarle una pequeña valija que me había sido entregada en Bélgica en el mismo aeropuerto de Amberes y supervisar, dar el visto bueno a la nueva localización de nuestro rutinario cambio de oficina en la zona. Después media vuelta otra vez hacia Madrid donde por fin me esperaban unas merecidas vacaciones que no disfrutaba desde hace ya casi siete años.
Por favor, disculpe -Una voz familiar se dirigió a mí, sacándome de mis pensamiento. -Ponga su bandeja en posición vertical, vamos a aterrizar en unos minutos ¿Ha tenido un buen viaje?
Ahí estaba ella, mi azafata de ojos tristes señalando con su dedo índice levantado en posición claramente erótica y con una gran sonrisa entre divertida y pícara para que pusiera en su sitio mi bandeja. Obediente ante aquella sugerencia mas no me pude resistir y en gesto de complicidad le pregunté con mi inglés gratamente aprendido por culpa de mi esposa, una simpática erasmus británica que nunca ya más regresó a su país. -Perdone, habla muy bien los tres idiomas ¿es usted alemana, holandesa...?
Ella manteniendo esa sonrisa y yo sin poder apartar mi mirada de esos magnéticos ojos grises, respondió ahora en algo parecido al holandés -Jy is die Spaans.
Yo más sorprendido aún no supe ubicarla, para continuar diciendo -Ek is van Namibia en ek praat Afrikaans, Duits, Nederlands, Engels en Spaans. Inmediatamente me hizo la traducción -Usted eres español. Yo soy de Namibia y hablo afrikáner, alemán, holandés, inglés y español. -Qué tenga una bonita estancia en Viena, buen viaje...
Durante el aterrizaje, mientras pensaba en esos veinte años, sus manos, como tocaba magistralmente ese violín, sus sueños de ser psiquiatra... No dejaba tampoco de pensar, intercalar un pensamiento sobre otro, preguntándome si Namibia sería un buen sitio para marcharme de vacaciones, solo o tal vez acompañado. ¿Haría allí frío en esta época del año...?
Ahí estaba Viena en el horizonte, cubierta de un bonito manto blanco.
Continuará...
Continuará...
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