Esta frase no se refiere a la imaginación creativa y útil, sino al discurso interminable de nuestros pensamientos."La imaginación es la loca de la casa." -Santa Teresa de Jesús
Santa Teresa, que nació en España en el año 1515, compara a este desgastante diálogo interno con la “tarabilla” del molino, una pieza de madera cuya principal función era hacer un ruido constante, simplemente para indicar que el molino estaba funcionando. Y sugiere “dejar hablar a esta loca”, sin interrumpirla pero sin prestarle atención.
Me gustó esta comparación. Pensaba cómo sería mi relación con esta loca imaginaria que propone Santa Teresa, si tuviéramos que convivir. Estaría siempre allí, junto a mí, contándome sus delirios, sin dejar de hablar, claramente extraviada en su mundo imaginario. Lógicamente la dejaría hablar, pero no tomaría en serio sus palabras. Y definitivamente de ninguna manera se me ocurriría ponerme a sus órdenes para que dirija mi vida. ¡Sería absurdo!
Axel Piskulic.
Como siempre cada texto del maestro Axel es un pequeño tesoro, un piedra preciosa encontrada como por casualidad en el camino, un oasis en medio de nuestro desierto de mundo "civilizado" del día a día.
Reflexiono y sólo puedo llegar a una conclusión: llega un momento que tomas conciencia de la situación, de todo lo que ves, todo lo que escuchas piensas, piensas y piensas entonces decides darle la libertad a todos esos pensamientos... Ahora ya son libres para escapar nada me retienes a ellos...
Ya lo dicen, si amas algo déjalo marchar... Pues si realmente te quiere y es importante en tu vida volverá...
Los pensamientos, la imaginación deberíamos contemplarlos como nubes en el cielo que vienen y van, sin tomar parte, dando fe pero sin ninguna implicación como notarios del día a día de nuestra existencia humana.
Observándolas como lo que son son; nubes simples nubes... Nubes que cambían de aspecto y por momentos se metamorfosean en oníricas, sugerentes, inquisidoras figuras. Pero son nubes... sólo son eso nubes... A veces preciosas y algodonosas, otras grises que presagían tormentas. Nubes.... sólo son nubes y nada más.
Dejémoslos pasar con total libertad esos pensamientos mientras las contemplamos, que sigan su camino.
Nunca nada nos debería atar a nada y menos a una nube.
Pero tenemos un acusado sentido de la propiedad. Nuestro pájaro carpintero particular es nuestro y por mucho daño que nos haga muchas veces no somos capaces de desprendernos de él. Y todo sería tan fácil como un simple gesto, una actitud, un decir hasta aquí hemos llegado... Vuela pajarito! Ya no te necesito!!
ResponderEliminarEl problema se agudiza cuando ya no es que tengamos un pajaro carpintero interior, es cuando tenemos a toda su familia revoloteando día a día a nuestro alrededor los compromisos, los prejuicios, las cobardías... ¿Cuáles sería los pájaros carpitenteros actuales? Los mismos de siempre, los mismos de siglos atrás... Edmond Rostand lo plasmó de forma sublime en el final de su gran obra Cyrano de Bergerac:
CYRANO.
¡Me parece que está mirando... que ha osado mirar mi nariz!... (Levanta la espada.) ¿Que
decís?... ¿Que es inútil? ... ¡Ya sé que en este combate no debo esperar el triunfo! ¡No!... ¿Para
qué?... ¡Es más bello cuando se lucha inútilmente! ¿Cuántos sois?... ¿Mil?... ¡Os reconozco, mis
viejos enemigos!... ¡La Mentira!... (Golpeando con su espada en el vacío.) ¡Toma! ¡Toma!...
¡Ah, los Compromisos... los Prejuicios... las Cobardías!... (Sigue golpeando.) ¿Que pacte?... ¡Eso
nunca!... ¿me oís bien? ¡Nunca! ¡Ah, por fin te veo, Estupidez!... De sobra sé que al final me
tumbaréis, mas no me importa: ¡lucho, lucho, lucho! (Hace molinetes inmensos y se detiene
jadeando.) ¡Sí, vosotros me arrancáis todo, el laurel y la rosa¡ ¡Arrancadlos! ¡Hay una cosa que
no me quitaréis!... ¡Esta noche, cuando entre en el cielo, mi saludo barrerá el suelo azul, y, mal
que os pese, conmigo irá una cosa sin manchas ni arrugas... (Arroja la espada a lo alto.) y esa
cosa es... (La espada escapa de sus manos; vacila y cae en brazos de Le Bret y Ragueneau. )
ROSANA. (Inclinándose sobre él y besándole en la frente.) ¿Y es...?
CYRANO. (Vuelve a abrir los ojos, la reconoce y añade sonriendo:)
¡Mi penacho!
TELÓN